Doscientos años de oscuridad, son iguales a vivir sin respirar, ¿para qué querría alguien respirar cuando su alrededor está sumido en las penumbras? Muchas Lunas he pensado en lo que haré cuando este reino me pertenezca, nadie logrará jamás detenerme, mis objetivos son claros: “la destrucción para aquellos que osen revelarse”. La muerte es la alfombra por la que suelo caminar, la maldad es la capa que siempre me cubrirá y la sangre, la sangre es todo aquello anhelo.

Úrsula Moore

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Capitulo 4: Hipocresía

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– ¡Señorita Úrsula! Su majestad desea verla en el palacio lo más pronto posible -. Decía ese molesto sirviente, cada vez me molestaba más vivir rodeada de bastardos que en lo único que pensaban era en ese patético rey suyo, algún día todo eso cambiará, cuando yo sea quien gobierne todo esto, pensaba mientras caminaba lentamente viendo como esos torpes espadachines jugaban en el jardín central del palacio..

– ¡Mi Lady! ¿A dónde camina usted, la rosa más bella tan apresurada? -. Este maldito cada vez me molesta más, se la pasa acosándome, a veces sospecho que sabe quién soy y me vigila. Tengo que idear un plan para deshacerme de ellos lo más pronto posible, no importa que el maldito consejo de dragones venga por mi, ¡pero es que no soporto ni un minuto más a estos bastardos malditos!

– El rey ha mandado hablarme. Lo siento tengo prisa, ¿hablamos más tarde quieres Virgil?

– No tiene de que preocuparse Mi Lady, mi corazón puede esperar una eternidad si es necesario.

– No creo que te quede mucho tiempo -. Dije entre dientes y soltando una risilla malvada.

– ¿Disculpe, acaso ha dicho algo Mi Lady?

– ¡No. no!, yo no he dicho nada, nos vemos más tarde Virgil, que tengas un hermoso día.

– La hermosura es la que adorna su ser Mi Lady, no desee para los demás, lo que por derecho le pertenece -. ¡Demonios! ¿Acaso este maldito acosador no se cansaba de tratar de conquistarme?, obviamente él y yo no podríamos tener nada que ver, yo soy de una clase mucho más alta, además no creo que quisiera tener una relación con un demonio de la oscuridad, así que simplemente lo ignoraré, de igual manera muy pronto todos morirán si se oponen a mi reinado. Llegué apresurada al trono donde se encontraba el rey, parecía algo preocupado o molesto. Vestido con esa ridícula capa roja, y esa corona llena da rubíes que adornaba su maldita cabeza, comenzaba a odiar al cretino. Decidí preguntar qué era lo que ocurría, a lo que el “Rey” me contestó:

– Señorita Úrsula, quiero pedirle un consejo.

– Lo escucho, ¿su majestad?-. Me costaba mucho pronunciar estas palabras, pues yo jamás había tenido nadie a quien llamarle de esa manera, obviamente yo estaba acostumbrada a las alabanzas, yo era un dios de la oscuridad, era él quien debería de estar de rodillas en este momento.

– Mi Lady, hoy vendrá una representante humana del grupo de los Pokémon, tendremos una charla sobre la guerra, ella tratará de convencerme sobre qué puede pasar si la guerra se inicia y he decidió escucharla -. ¡MELISSA! Fue el primer nombre que vino a mi mente al escuchar lo que el rey había dicho, no puede ser nadie más, ¡es ella!, estoy segura de que es ella, pero no dejaré que llegue con vida, no lo haré.

– Por supuesto majestad, pero no olvide que el bando Pokémon es capaz de cualquier cosa con tal de obtener lo que quiere, inclusive hipnotizar a una pobre chica para que hable por ellos, si me permite majestad, quiero estar presente cuando la señorita Melissa llegue al palacio.

– ¿Pero como sabe usted que ese es su nombre si no lo he pronunciado aún?

– ¿Eh, no lo hizo?, creo que ya lo había escuchado, además ella es una mensajera Pokémon, creo haber escuchado de ella antes, pero bueno ese no es el punto, el punto es que ¿cambiará usted de opinión después de escuchar a Melissa?

– ¡Por supuesto que no, la guerra debe iniciar ya, tengo hombres desaparecidos, mucha gente teme por su familia, temen ir al bosque y no regresar jamás, esas viles criaturas, deben desaparecer de estas tierras, hasta secuestrarla a usted, mi más preciada y fiel compañía, esa barbarie debe ser parada de tajo! -. Dijo soltando un golpe sobre su trono de cristal, la luz me molestaba un poco, pues todo era traslúcido en este maldito palacio.

– Muchas gracias majestad, gracias por considerarme preciada y fiel, usted sabe que por usted mi lord, daría la vida misma -. Muero de aburrimiento con este viejo, tengo que terminar con este martirio lo antes posible.

– Señorita Úrsula, quiero darle un obsequio, muy especial, es un regalo para que usted luzca hermosa esta noche -. Claro, si no es un diamante enorme, por supuesto que no aceptaré nada de este viejo decrépito.

– Majestad, no es necesario recompensar mi lealtad, yo le soy fiel porque…. porque usted es lo más cercano que tengo a un padre -. Detrás de su trono había sacaba una caja de cristal transparente con un pequeño listón rojo.

– Son estos hermosos tacones, de piedras preciosas negras, creo que es su color favorito, pues siempre la veo vestida de ese color, así que intuí que le gustaría mucho este pequeño obsequio.

– Majestad, le repito, no se hubiera molestado, mi lealtad no puede ser comprada, puede usted estar tranquilo -. Claro, hasta que yo estuviera en la corona, debía de ser la mejor de las sirvientes.

– No es nada señorita Úrsula, nada comparado con lo que usted me ha dado y debo decir que es usted también como aquella hija que nunca tuve -. Dijo el vejete soltando una risa “encantadora”, lástima que su muerte era inevitable, sería un lindo sirviente.

– Bueno mi lord, me retiro, tengo que organizar los últimos detalles de la fiesta, y decirles a esos “grandes” mosqueteros suyos que estén atentos ante cualquier ataque y sobre lo de lady Melissa, me alegra saber que no cambiará su opinión sobre la guerra, con su permiso majestad -. ¡Salí corriendo a probarme esos hermosos tacones de piedras preciosas, era una locura , podría acostumbrarme a esta riqueza absoluta! Además era obvio que si algo le pasaba al viejo, yo asumiría el trono, todo era perfecto, ¡pero diablos!, ¿tenía que venir esa maldita esta noche?, ¿no sé? hubiera esperado a morir otro día, pero no, a los malditos dragones del consejo les encanta sacar lo peor de mí, como sea, algo se me ocurrirá, por lo pronto una jauría de Mightyenas hambrientos estará esperando la caravana de Lady Melissa….

– ¿Chicos?, ¿mosqueteros?, ¡malditos Rufianes aparezcan!-. Grité desesperadamente después de preguntar por ellos, que desaparecían y aparecían de la nada, estaba harta de ellos ¡malditos!

– ¡Señorita Úrsula!, se ve muy hermosa este día ¿se hizo algo nuevo en el cabello? -. Preguntaba ese maldito fortachón estúpido que cada día odiaba aún más, ya que por las mañanas entraba a la cocina en donde “por casualidad” me lo encontraba comiendo una manzana, a lo cual me saludaba estúpidamente, por dios, es obvio que no cederé ante ninguno de ellos, en especial con ese galancete de pésima categoría, que creía que era el hombre más deseado del reino, sí, hablo del vanidoso de Virgil Mercier, el más calmado de estos tres bastardos, era sin duda Caius D’Wright, el solo me saludaba por deber o amablemente, como todo un caballero, sin ridiculeces ni elogios estúpidos que solo me hacían enfadar cada vez más.

– ¡Diablos!, ¿podrían dejar de aparecer y reaparecer así?, ¡me ponen muy nerviosa, siento que en cualquier momento van a salir en mi habitación!

– ¿Eso desearía usted señorita Úrsula?, ¿que apareciera detrás de usted justo cuando ha terminado de tomar su baño refrescante de sales marinas que le encanta, para darle un masaje que nunca olvidaría en su vida? y pues después no sé, lo único que le diré es que  el té con galletas, ya no será el mejor de los placeres para usted, con el debido respeto -. ¡BASTARDO! ¡Asqueroso mortal, como se atreve!, el será el primero en morir, lo juro.

– Virgil, por que no se ahorra esas desagradables confesiones y pensamientos para cuando esté usted solo, bañándose en el maldito granero, donde seguramente piensa en todas las mujeres que desea pero que jamás en su miserable vida podrá obtener -. Creo que con eso tiene.

– ¿Quiere apostarlo?, mi lady, su rechazo es como un perfume de rosas que jamás podré dejar de insistir en oler, esa agresividad suya, hace que el deseo por poder considerarla algo más que una simple amiga crezca y crezca cada día más, mi corazón no descansará, hasta poder besar esos labios que tal vez sean los últimos que bese pues se que después de ese beso, el veneno del amor podría consumirnos a ambos.

– ¡Virgil ya basta! -. Dijo cabalmente Caius algo molesto, pues parecía que pensaba que la actitud de Virgil nunca era la correcta.

– Una disculpa mi lady él siempre es así, ¿qué era eso tan importante que debía decirnos? -. Vaya la cabeza del equipo tiene el cerebro que les falta a los otros dos.

– Su majestad, quiere que esta noche estén en la fiesta, ya saben solo por seguridad, asegúrense de no parecer militares pues no queremos llamar la atención, enseguida una sirvienta llevará a su habitación sus vestimentas para esta noche por favor, no las vayan a arruinar, ya que son muy costosas.

– ¿Insinúa usted que somos unos corrientes y salvajes? -. Preguntó enfadado Thomas Wyne.

– Yo jamás insinúo nada Thomas, lo afirmo. Con permiso, tengo cosas que hacer -. Los tres me miraban fijamente con enojo mientras salía de la escena, lo pude sentir, eso se merecen por hacer lo que hacen.

– ¡Señorita, señorita Úrsula, olvida esto aquí! -. Venía gritando Caius.

– No tenía por qué ser tan grosera, ¿somos personas sabe? -. Dijo entregándome mi caja de cristal el apuesto Caius D’Wright.

– ¡Si lo fueran, ayudarías a tus compañeros a que se comportaran como tales!, Caius yo estoy muy agradecida con vosotros, por haberme salvado aquella noche, los aprecio mucho, pero no puedo soportar que en cada oportunidad Thomas se escabulla a la cocina y se la pase devorando casi medio palacio y qué decir de Virgil, que a la más mínima oportunidad trata de “conquistarme”, ¿soportarías todo eso?, esto es en verdad frustrante, ahora con tu permiso tengo que irme -. Parece que esta actuación de hacerme “la sufrida” había surtido efecto, Caius se quedó pensando seriamente en esto último que le dije, ¡pues era cierto!, en verdad la situación me estaba hartando y no solo serían despedidos, si no que morirían, la verdad me daría igual, una muerte más una muerte menos, eso da igual, lo que me preocupa es que al no tenerlos cerca ¿quién me protegería del consejo de los dragones?

El Sol comenzaba a meterse, estaba desesperada por saber si los Mightyenas habían acabado con esa maldita de Melissa. El inútil de Mightyena no vine, ¿qué habrá pasado?, si fallaron tendré que matarla aquí en el palacio y me estaría arriesgando demasiado, no puedo dejar que hable con el rey, pues echaría todo a perder, me delataría frente a medio reino en esta fiesta, ¡de ninguna manera debo dejar que eso pase!, tengo que arreglarme, creo que la fiesta está a punto de comenzar, el rey me pidió que baje junto con él.

Comencé a ponerme ese molesto vestido negro enorme cuando escuché que se acercaba alguien por el tejado hacía la ventana, ¡diablos!, debe de ser el imbécil de Virgil, cuando de pronto saltó Mightyena a mi habitación.

– Mi Lady, Melissa Meroon, se encuentra en el palacio -. Decía Mi fiel Mightyena entrando por la ventana sigilosamente.  Me apresuré a ponerme esos hermosos tacones de piedras preciosas negras que el rey me había regalado para la gala de esta noche, donde el mismo anunciaría el inicio de la guerra contra los Pokémon. Todo era perfecto a excepción de ella, no podía dejar que ella arruinara todo, ella tenía que morir esta noche junto con “la gota de cielo”.

– Mightyena.

– ¿Sí su vileza?

– Ya sabes lo que tienes que hacer -. Había ideado un plan por si el asalto a la caravana fallaba, que claro era lo más seguro, pues estos malditos Pokémon eran unos inútiles, ¡demonios!, tengo que hacerlo yo misma si quiero que salga bien. El baile había comenzado, tengo que bajar con el rey.

Mientras bajaba del brazo del rey pensaba en como resultaría todo esto,  creo que el plan también resultaría malo, había mucha gente, además los malditos mosqueteros estaban aquí escondidos entre la muchedumbre.

– ¡Buenas noches mi lord!

– ¡Buenas noches majestad!

– ¿Señorita Úrsula como esta?

– Majestad esta es una hermosa fiesta-. Bla bla bla, mientras recibíamos halagos de la gente, miraba disimuladamente sobre mi hombro, esperando poder hacer contacto con Mightyena para que abortaran la misión, pero no podía había demasiado ruido y mi concentración era nula debido a tanta gente.

– ¡Señorita Úrsula, es un placer por fin poder conocerla! -. Se acercaba una mujer extraña con el cabello que parecía de color verde. Pude percatarme de su aura, era buena, ella era Melissa.

– ¿Y usted es?

– Señorita Melissa Meroon y el placer es todo suyo.

– ¿Disculpa? -. Dije algo sorprendida por su actitud tan egocéntrica, a lo cual tomó mi mano con fuerza, para llevarme y poder hablarme al oído, a lo cual me dijo:

– Escucha esto oscuridad, ya sé que eres tú pues pude percatarme de tu aura maligna a kilómetros, conmigo no tienes que fingir, así que si no quieres que te descubra frente a todo el mundo, harás lo que te diga, ¡AHORA! -. Tragué saliva, ¡maldita sea!, pensé.

– ¿Interrumpo algo señoritas?, ¿parece que ya se conocían de antes no? -. Justo en ese momento aparecía Virgil Mercier, jamás me había alegrado de ver a este inmundo mortal tanto.

– ¡Ab…  claro, quien no conocería a Úrsula Moore, por dios, es famosísima!, estaba diciéndole que ha sido un gran placer conocerla ¿no es así “Úrsula”? -. Maldita sarcástica, pronto recibirás tu merecido.

– ¡Mightyena! -. Hablé mentalmente.

– ¿Sí, su maldad?

– ¡Mata a la maldita bruja!, estoy frente a ella, cuidado con el humano de al lado, está armado.

– Claro, como usted lo ordene. Ya escucharon ¡A ELLA! -. De la nada salieron Cuatro Mightyenas que se escondían bajo la mesa de banquetes.

– ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Los Pokémon están aquí!

– ¡Majestad cuidado! -. Cinco guardias armados rodearon al rey en un santiamén mientras Melissa volteaba a ver atemorizada a mis hermosos y fieles Mightyenas.

– ¡Cuidado, al suelo Virgil! -. Metí el pie para que se cayera y no pudiera hacer nada por Melissa, quien esta noche acabaría siendo “la cena”.

– ¡Auxilio, aaaaaah, ayúdenme! -. Jajaja, Melissa salía arrastrada por cuatro Mightyenas salvajes hacia las afueras del palacio, nadie hacía nada pues dos Mightyenas salieron para escoltar y gruñir mientras que otros la llevaban arrastrando. Todo el mundo estaba paralizado del miedo, esto no podría ser más perfecto.

– Mátenla a las afueras del palacio -. Dije de nuevo mentalmente, de pronto el rey gritaba.

– ¡Virgil, sálvala Virgil, corre muchacho vamos! -. Virgil salió corriendo a salvarla.

– ¡Su vileza, algo ha ocurrido, la chica se ha transformado, su pelo, su pelo y vestido cambiaron de forma y color, nos ha atacado como si fuera una peleadora profesional! -. ¡Demonios!

– ¡Quítenle la gota de cielo y muerdan su garganta, como pueden ser tan inútiles, es una maldita Pokémon débil, sin la gota de cielo no podrá hablar con nadie y la mordida en la garganta lo hará más creíble, si escribe algo simplemente la tomarán como una loca yo me encargaré de ello!

– Como ordene su vileza -. Salí apresurada y pude ver como Caius cargaba en sus brazos a esa mujer, ¡estaba muerta!, jajaja, no pude evitar sonreír un poco al ver como esos Mightyena habían rasguñado su cuerpo y ese vestido de pésimo gusto que seguramente había sido hecho por Caterpie ciegos…. un momento… ella… ¡ella respira!

– ¡Su majestad!, pude llegar a tiempo antes de que sucediera una tragedia, con su permiso, llevaré a la señorita Melissa a una habitación, ya he mandado a Thomas por un médico.

– ¿Pero ella estará bien?-. Preguntó el rey preocupado.

– Parece que su garganta fue mordida. salvajemente, me temo que si se recupera jamás podrá volver  a hablar -. ¡Esto era cada vez mejor!, jajaja, no paraba de reírme por dentro. ¿Qué podría hacer una Melissa Meroon muda?, o mejor aún si no sobrevivía, todo me parecía magnífico, esa maldita no sabía con quien se había metido.

– ¿Mightyena la tienes? ¿Tienes la maldita gota de cielo en tu poder?-. Pregunté mentalmente.

– ¿Acaso alguna vez le he fallado su vileza?, tengo esa joya en mis garras, pero quema mi boca cada vez que trato de tomarla.

– ¡Maldita sea, ponla dentro de una ropa o algo que la envuelva, no seas estúpido!

– Lo haré su vileza, no le fallaré.

– Más vale que así sea, si quieres seguir respirando, quiero que me traigas esa joya mañana por la noche, sin que nadie se dé cuenta, ya veré donde la esconderé. Por ahora ve a los bosques cercanos, me encargaré de que los dejen de buscar.

– ¡Retirada!-. Fue el último mensaje que escuché de ese viejo y fiel sirviente. Por fin las cosas comenzaban a salir conforme a mi plan, Melissa estaba al borde de la muerte y si sobrevivía quedaría sin habla, no podría ser mejor.

– ¡Señorita Úrsula! -. Se acercaba Virgil Mercier, noté que estaba algo desconcertado.

– ¿Puedo hablar con usted mi lady? -. Me interesaba que podría haber visto.

– Sí, claro, ¿qué es lo que pasa? -. Pregunté algo sonriente.

– No me vaya a creer loco, pero escuché hablar a esos Mightyenas, cuando salían corriendo con lo que parecía una joya que le pertenecía a la señorita Melissa, decían “¡Retirada, ahora esperemos ordenes!”.

– ¿Fue todo lo que escuchaste? -. Pregunté algo inquieta, pues me preocupaba que este humano supiera de más.

– Sí… sí señorita, fue algo… algo verdaderamente extraño, no podía creerlo, me sorprendió tanto que me quedé en shock.

– Virgil, creo que lo mejor será que no hables esto con nadie, pues creerán que tu eres quien dejó pasar a esos Mightyena, ni si quiera se lo digas a tus amigos, será nuestro pequeño secreto, ¿está bien? -. Tenía que sellar sus labios a sí que solo usé algo que llaman “manipular”.

– Está bien mi lady, gracias por confiar en mí y no delatarme como traidor, nunca lo olvidaré -. El tipo se veía completamente fuera de sí, su personalidad conquistadora parecía haberse esfumado, era algo raro hablar con el tan seriamente. Pero bueno, ese no es mi asunto, si se vuelve demente pues sería la mejor opción para mí, jajaja, jamás había estado tan feliz.

Mientras caminaba a la habitación donde se encontraba Melissa, era muy tarde ya, supongo que con ella estaría D’Wright cuidándola, el pasillo era hermoso, la luz de la luna entraba por ese transparente castillo de cristal, la noche parecía perfecta para que alguien muriera, ahora tengo que dedicarme a que todo mundo crea a Melissa Meroon una loca, después veré como hacerla desaparecer de la faz de la tierra.

Nadie logrará jamás detenerme, mis objetivos son claros: “la destrucción para aquellos que osen revelarse”. La muerte es la alfombra por la que suelo caminar, la maldad es la capa que siempre me cubrirá y la sangre… la sangre es todo aquello anhelo.

CONTINUARÁ…